Chang Rai será nuestro primer contacto con Tailandia, que no vemos la hora de conocer.

Nuestra aventura comenzó con un desvío de ruta por causa del mal tiempo en Europa que nos impedía llegar a París y que nos «obligó», con mucho sacrificio, a volar con la Thai, haciendo escala en Atenas, al día siguiente. Obviamente aceptamos encantados.

Tras salir de Roma el 20 de diciembre a las 23.00, llegamos a Atenas a las 14.30 (hora local) y salimos rumbo Bangkok a las 19.30.

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Thai

El vuelo con la Thai fue muy agradable, sillones largos, abundante comida y bebida, entretenimiento individual, cada uno con su pantallita…no pudimos ver el paisaje, pero no dormimos en toda la noche, ¡qué emoción!

Llegamos a Bangkok a las 6.30. Hicimos los trámites de la aduana y nos fuimos a ver de dónde salía nuestro avión Air Asia hacia Chang Rai, previsto a las 11.40 que ya teníamos reservado. Tuvimos que facturar una mochila, porque el peso máximo en cabina es de 7Kg.

El aeropuerto de Bangkok es muy curioso. Lo primero que nos llamó la atención fueron los grupos de monjes que pasaban, y ver como la gente los respeta y les deja pasar sin hacer la cola y sin ponerles problemas con los papeles.

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Nuestro avión salió puntual. El viaje duró 55 minutos, pero no nos enteramos de nada porque nos quedamos fritos nada más sentarnos en nuestros asientos.

Al llegar a Chang Rai, las opciones que se tienen para ir a la ciudad son dos:

  1. o taxis (200Bt)
  2. o tuk-tuk.

Nosotros elegimos el taxi. El conductor nos hizo pasar por el control de seguridad y después ir a la ventanilla para pagar el ticket. En 5 minutos estábamos ya en la ciudad, justo enfrente de la estación de guaguas. Teníamos tres albergues señalados y nos decidimos por The North, que nos pareció limpito y tranquilo (600Bt la doble y 100Bt el desayuno) aunque nosotros no lo pedimos. Nos dormimos una buena siesta y sobre las 5.30-6.00 salimos a conocer la ciudad «by night«.

Descubrimos el mercado de noche, con los chiringuitos de ricos platos de bichos variados: cucarachas, orugas, grillos…hummm!

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También habían algunos puestos de artesanía y dos escenarios con grupos de música. La gente, sobre todo local, empezó a llegar sobre las 8. Tras cenar, no en el mercado sino en el restaurante Ayes, en la calle principal, que aunque era un poco turístico, resultó discreto. En el menú ofrecían noodles, pollo y cerdo con verduras, rollitos y cerveza Shingan. Después volvimos al mercado y pedimos unos dulcitos que estaba haciendo una señora en un puesto que se había organizado en su moto. Eran unos minicrêpes o pañuelitos rellenos con una crema que parecía merengue y otros trocitos de algo color amarillo. Nos llenó una bolsita. Aprovechamos para dar otra vuelta y ver el ambiente, ahora más animado del mercado.

Después nos fuimos a descansar, para al día siguiente conocer Chang Rai