¿Sabías que Toulose es conocida como la ciudad rosa? Esto se debe al color de los ladrillos utilizados en la mayoría de sus construcciones que le dan una luz y una atmósfera especial Pero, siempre hay un pero, estos ladrillos están sufriendo el pasar de los años y los efectos de las condiciones metereológicas, y muchos empiezan a deshacerse o romperse y por eso la ciudad está buscando alternativas para protegerlos, cubriéndolos de mezclas especiales. Así que ya saben, visítenla pronto, porque, ¡¿quién sabe si en unos años cambiará de color?!

La Place du Capitole, en el centro de la ciudad rosa. El nombre viene de los Capitoul, magistrados que representaban a los diferentes barrios y que decidieron construir en 1190 el edificio central que hoy es el Hotel de Ville, osea el Ayuntamiento. Sorprende que en el centro de la Plaza no haya ninguna escultura, como existen en muchas otras plazas de este tipo. Lo que si que hay es una gran Cruz de Occitania, símbolo de la región, en el pavimento.

La Basilica de Saint Sernin (San Saturnino) realizada en su casi totalidad de ladrillos rosados, Esta hermosa iglesia románica vio pasar a muchos peregrinos que iban camino de Santiago, ya que era una etapa obligatoria, hecho que favoreció la ampliación de la Iglesia. La Porte Miégeville nos da acceso al interior donde se ve clara la distribución de las naves, con la “idea” de dejar los pasillos laterales libres para el paso de los peregrinos que querían visitar los restos del santo, sin distraer o molestar la celebración de la misa en el centro.

La Église des Jacobins y su Convento. Sinceramente la iglesia por fuera es bastante fea, con altos muros de ladrillo que no te dejan imaginar su espectacular interior. Por algo será que todo el complejo del Convento de los Jacobinos es considerado una joya de la arquitectura gótica meridional. En el interior destaca enseguida “la Palmera”, altísima columna de 23 m. que recuerda la forma del árbol y el altar donde están los restos de Santo Tomás de Aquino, mayor representante de la orden de los dominicos.

Los frailes dominicos eran conocidos como Jacobinos, recibiendo este nombre porque en la rue Saint Jacques de París estaba la sede de la orden. Era una orden de predicadores, que en esta época, la primera mitad del SXIII, querían frenar la expansión de los cátaros. Por eso los frailes necesitaban espacio y querían evitar columnas donde los fieles se pudieran ocultar. El mensaje tenia quel llegar a todos de forma directa. De ahí la extraña posición del altar y forma de la iglesia con una sola nave.

Atravesar el río Garona por el Pont Neuf. El Garonne o Garona en español, que nace en el Valle de Arán, en los Pirineos y que desemboca cerca de Burdeos, junto al río Dordoña, atraviesa orgulloso la ciudad de Toulouse. Para pasar a la otra orilla del río, cruzamos el Pont Neuf. Si te fijas, cada pilar termina en punta y tiene un gran agujero, estos dos detalles están hechos a propósito para equilibrar la fuerza del Garona cuando llueve mucho y evitar las inundaciones.

Una vez en el margen izquierdo del río, estaremos en el barrio de Saint- Cyprien

Saint-Cyprien es un barrio popular y alegre, seguramente “de moda”. Sus calles están llenas de pequeñas tiendas y restaurantes curiosos.

En este lado de la ciudad se encuentra también el Musée d’Art Contemporains des Abattoirs, es decir el museo de arte moderno, que ocupa el antiguo Matadero de la ciudad, construido en 1828.El actual museo es muy agradable de visitar ya que tiene grandes espacios interiores y exteriores, donde las obras resaltan.

Muchos habitantes de Toulouse trabajan en Airbus, ya que en Blagnac, un barrio de la ciudad se encuentra su sede principal. Por eso Toulouse alberga el Museo Aeroscopia donde se puede visitar varios aviones de la compañís, entre ellos el famosos Concorde. Entrar en el Concorde es emocionante. Es un museo divertido, tanto para apasionados como para familias.

Si quieren tener más detalles sobre qué hacer en Toulouse aprovechen para contactar con la Oficina del Turismo, con personal muy amable y disponible, y que hablan español.

Nos quedó pendiente la visita a la Cité de l’Espace y el Jardín japonés de la iudad, dos buenas excusas para volver a una ciudad tan bonita.